La Religión Escandinava V (continuación)

WOTAN

5.3.- Jefes, reyes, sacerdotes

Tácito (Germania VII, 1-2) expresa las diferencias que existen entre
jefes, reyes y sacerdotes:

“Se elige a los reyes por su nobleza y a los jefes por su valentía.
Pero el poder de los reyes no es ilimitado ni arbitrario y los jefes
se imponen mas por el ejemplo que por la fuerza coactiva inherente
al cargo; si son decididos, si son admirables, si combaten en
primera fila, consiguen el respeto general. Nadie tiene derecho a
condenar a muerte a otro, ni a cargarlo de cadenas, ni siquiera a
infligirle castigos corporales, a excepción de los sacerdotes; y no
pueden hacerlo como castigo, ni bajo órdenes de un jefe sino
solamente siguiendo un mandato divino, ya que creen que el dios esta
al lado de los que hacen la guerra”.

La sociedad germana presenta, por lo tanto, tres grupos especiales
de individuos por encima del común de los hombres libres. No tienen
un gran poder coactivo o decisorio puesto que el mecanismo del
mantenimiento de la paz sagrada (friðr) que requiere complejas
componendas y consensos, tiene su lugar de expresión en la asamblea
(þing) y se aviene mal con decisiones no consensuadas de individuos
singulares.
Los jefes son líderes militares en torno a los que se aglutina un
grupo de hombres unidos a ellos por lazos sagrados de fidelidad. Es
lo que Tacito (Germania XII-XV) denomina comitatus en palabras
latinas. Parecida es la fraternidad sagrada (fóstbrœðralag) que
testifican las sagas (especialmente la Fóstbrœðra saga). Se trata de
un medio de organizar milicias de élite aglutinadas en prácticas
cultuales y lazos de tipo religioso.
Entre los germanos el rey es el supremo intermediario de la
comunidad frente al mundo divino. En él se concentra la potencia
sagrada. Es sacerdote y sacrificador supremo actuando a nivel tribal
como lo hace el padre a nivel familiar. Pero no posee poderes
jurídicos ni políticos ya que éstos radican en el þing. Los linajes
reales entroncan imaginariamente con ciertas divinidades,
especialmente Freyr-Ingvi y Odín, por lo que no se puede elegir al
monarca más que entre los miembros de ciertas familias. Como rey
sagrado da el bienestar y la prosperidad al territorio, y se le pide
que sea favorecido más por la abundancia que por la victoria. Los
mejores reyes son los que coinciden con etapas de properidad y su
recuerdo se perpetúa en un culto especial a sus tumbas que se piensa
favorecen el entorno en el que se sitúan (se convierten en genios
tutelares). Los años de escasez se achacan al rey (porque haya
cometido alguna incorrección ritual o porque sencillamente resulte
personalmente inconveniente) y se opta por sacrificarlo, en la
Ynglingasaga (15) tenemos un buen ejemplo:

“Dómaldi, heredero de su padre Visburr gobernaba el país. Mientras
vivió hubo en Suecia escasez y hambre. Los suecos hicieron grandes
sacrificios en Upsala. El primer otoño sacrificaron bueyes y el año
no mejoró, el segundo otoño sacrificaron a un hombre pero el año
incluso empeoró. El tercer otoño los suecos se reunieron en Upsala
en gran número y terminaron poniéndose de acuerdo en que la escasez
provenía de Dómaldi y decidieron lo siguiente: que la solución era
ofrecerlo en sacrificio para así conseguir un buen año y que había
que capturarlo, matarlo y esparcir su sangre en el altar. Y eso es
lo que hicieron”

La posición de los reyes en el mundo religioso escandinavo tenía una
precariedad que permite explicar su conversión al cristianismo,
ideología que aumentaba su poder de decisión y su seguridad
personal. El jefe y el rey que eran los centros del culto común, al
convertirse, forzaron a sus seguidores a aceptar la nueva fe, si no
querían perder la seguridad religiosa (traicionada por los propios
que la detentaban) y la cohesión social. Pero si la cristianización
se hizo de un modo generalmente poco violento y rápido, no conllevó
una destrucción cultural completa sino una adpatación que permite
comprender porque el material teológico y mitológico escandinavo se
ha transmitido casi intacto por intermediarios cristianizados desde
hacía dos centurias.
El sacerdocio entre germanos y escandinavos resulta complicado de
estudiar. No parecen tener una casta sacerdotal específica y
estructurada, lo que explicaría en parte la imperfección que
presenta entre ellos el modelo trifuncional; al no tener
especialistas que detenten la especulación teológica y la
compartimenten y compliquen, ésta pierde sutilidades a la par que se
adapta para satisfacer las necesidades más comunes.
De todos modos poseemos nombres que transmiten las runas y el
material escandinavo de personas que realizan funciones sacerdotales
(erilar, guðja-goði). Tácito (Germania VIII, 2-3) habla de
sacerdotisas veneradas como si de seres sobrenaturales se tratara
(Veleda, Albrinia) y en época escandinava conocemos la figura de la
völva, pofetisa vidente. No resulta fácil tampoco determinar la
importancia de ciertos hechiceros y sobre todo hechiceras, que
controlaban los recursos de la magia sejðr y cuyo modo de actuar
resultaba muy parecido al de los chamanes asiáticos (y cuyo modelo
sobrenatural era Odín).
Pero los sacerdotes principales eran el rey al nivel tribal y el
padre al nivel familiar. Son ellos los encargados de representar al
grupo frente a los poderes sobrenaturales, entre otras causas porque
el grupo posee los medios de controlarlos. Quizás haya sido ésto lo
que haya impedido entre los germanos la proliferación de un
sacerdocio autónomo que pudiera forzar decisiones que pusieran en
peligro la paz familiar o tribal que se alcanzaba no por una
imposición divina (supuesta) sino por un consenso que proviene del
equilibrio de fuerzas.

5.4.- Berserkir: los guerreros extáticos

Entre los germanos parecen existir dos maneras de hacer la guerra.
Una es la que convoca el þing, se rige por unas pautas de índole
jurídico-religiosa y preside Týr y la otra es la que rige Odín y
puede insertarse en la anterior o actuar de modo independiente. Los
guerreros odínicos se denominan berserkir (los que tienen el
aspecto -el alma exterior- de osos) o úlfheðnar (los de la piel de
lobos); dominados por un furor guerrero incontrolable sufren una
metamorfosis que modifica su aspecto y en cierto modo su esencia
durante un tiempo. Su hamr (especie de alma exterior) se modifica
para transformarse en la del animal en una práctica de mística
guerrera que tiene sus paralelos en las metamorfosis chamánicas y
antes áun en técnicas de caza mística. El cazador ha de saber
transformarse en animal para capturar su presa y ese saber ha de
transmitirse a los jóvenes para que el grupo se mantenga; de ahí la
necesidad de la iniciación de los adolescentes con sus diversas
pruebas (como la sujeción a un hombre maduro). La captura de un
animal enorme (con un alma muy poderosa) demuestra que el discípulo
ha accedido al control de esas técnicas extáticas y puede ser
aceptado en el grupo de los hombres.
La guerra cumple entre la mayoría de los germanos el papel de la
caza entre pueblos preagrícolas: la supervivencia depende de la
capacidad de generar una agresión irresistible. Los germanos como
muchos otros pueblos indoeuropeos, al basarse en un modo de
reproducción en el que el control del tamaño del grupo no se suele
realizar en la fase perinatal, generan un desequilibrio ecológico
por la excesiva carga antrópica que se resuelve por el mecanismo de
la escisión grupal. Para que la población desgajada pueda controlar
territorios nuevos, en su mayoría ya poblados, necesita contar con
unas técnicas bélicas superiores; estos guerreros sobrehumanos
poseídos por un furor sagrado y demencial son el mejor instrumento
para cumplir esos fines.
Los berserkir tras la batalla caen en letargos enfermizos que han
permitido establecer la comparación con comportamientos psicóticos.
Aún retirados se convierten en personajes diferentes dentro de su
entorno como Úlfr, buen vecino de día pero cuyo carácter se
modificaba al caer la tarde transformándose en lobo que vagaba por
los bosques (una de las explicaciones de las creencias folklóricas
sobre licántropos está en esta institución bélica indoeuropea).
Los guerreros extáticos se unían en cofradías o asociaciones,
(estudiadas en detalle por Höfler o Weiser en el caso germano y por
Wikander, Dumézil o recientemente McKone en la perspectiva
comparativa indoeuropea) éstas podían basarse en el criterio de la
edad (la organización por grupos de edad es arcaica y facilita la
consecución de una escisión grupal, como en el caso itálico
demuestra el ritual ver sacrum) o en otros criterios diversos. En
muchos casos se convirtieron en guerreros de élite o incluso en la
guardia personal de jefes o reyes, lo que resulta una evolución de
la institución. Tienen un modelo sobrenatural en los einherjar de la
Valhöll, la guardia de Odín, que se prepara para la lucha final que
se producirá en el Ragnarök.
Una representación figurada de estos guerreros místicos la ofrecen
los bronces de Torslunda, del Museo de Historia de Estocolmo,
fechados en el siglo VII d.e. en los que se representa, por ejemplo,
a un lobo erguido sobre dos patas y portando una lanza, precedido de
un guerrero semiteriomorfo con un casco de cuernos.
En época romana esta institución sagrada existió y Tácito da de ella
dos pinceladas. En Germania XIII-XV habla del comitatus, grupo de
guerreros unidos a un jefe por el que se conjuraban a pelear hasta
la muerte, la guerra era su ocupación y no formaban parte de los
mecanismos de producción de alimentos, viviendo entre las batallas
en una inactividad parecida al sopor de los berserkir. En Germania
XLIII, 6, muestra a la tribu de los harii en los términos
siguientes:

“Y respecto de los harii, superan en fuerza a los pueblos antes
enumerados y en ellos el salvajismo confabulado con costumbres
bestiales utiliza los medios de la técnica y del momento: escudos
negros, cuerpos pintados; buscan para el combate las noches oscuras,
el terror y las sombras que acompañan a este ejercito animalesco
provocan el espanto y ningún enemigo es capaz de sostener esa visión
desusada e infernal ya que en cualquier batalla los primeros
derrotados son los ojos”.

La mayoría de los comentaristas de este pasaje aceptan que no se
trata de la descripción de una tribu (que por otra parte
desconocemos por otras fuentes) sino de un grupo de élite, cuyo
propio nombre de raigambre indoeuropea indica su estatus; la
insistencia de Tácito en el vocabulario animal (feritas, feralis)
parece recordarnos la metamorfosis del berserkr.


~ por stigmadiabolis en 17 Octubre, 2007.

Escribe un comentario