La Religión Escandinava IV

ODIN

4.- Teología: Estructuras, funciones y cambio

4.1.- La época previkinga

La teología germana se suele reconstruir usando los testimonios
escandinavos como base, con lo que los datos de las épocas romana y
de las migraciones quedan subordinados al esquema teológico de época
vikinga.
A pesar de la precariedad de fuentes, los datos previkingos
presentan una coherencia que permite su estudio particular.
Tácito destaca tres tipos de dioses; los que nombra con nombre
latino por interpretarlos a la romana (Mercurio, Hércules, Marte),
los que dice ser cultos extranjeros importados (caso de Isis entre
los Suevos) y los que nombra con la apelación germana latinizada
(Nerthus, Alci). Los tres primeros han sufrido una interpretatio que
no es obra exclusiva de Tácito puesto que se reconoce en épocas
posteriores (en el siglo IV) cuando se establecerá la denominación
de los días de la semana y al latino dies Mercurii se le nombrará
wuotanestag/óðinsdagr (en alto alemán el nombre del dios es Wuotan
<*Wðan[az] y su equivalente islandés Óðinn), al dies Iovis,
donarestag/ þórsdagr (por Donar-Þórr) y al dies Marti, tiwesdag/
týsdagr (por *Twaz-Týr). El dios supremo según Tácito (Germania
IX,1) era Mercurio (Wuotan-Odín) en cuyo honor se realizaban
sacrificios humanos (de enemigos vencidos). El campeón divino es
Hércules (Tácito, Germania III,1) al que se encomiendan los
guerreros antes de la batalla y en cuyo honor entonan un canto (el
bardito) cuyo temple servía como augurio del desarrollo favorable o
no de la batalla. Corresponde con los atributos de Donar-Thor, y por
lo tanto tenemos aquí dos interpretationes diversas del mismo dios
germano, como Hercules y como Júpiter.
El culto de Nerthus lo expone Tácito (Germania XL, 2-5) con cierto
detalle:

“Ninguno de los pueblos (germanos) se distingue de los otros por
nada singular si no es por el culto común a Nerthus, es decir a la
tierra madre. Creen que interviene en los asuntos humanos y que
circula entre los pueblos. Hay en una isla del océano un bosque
sagrado y en ella un carro consagrado, cubierto de un toldo,
solamente le esta permitido tocarlo al sacerdote. Reconoce que la
diosa está presente en el santuario y la acompaña con gran
veneración en el carro tirado por vacas. Son días de gozo, y fiesta
en los lugares que se digna honrar con su visita. No se inician
guerras, no se cogen armas, se guarda el hierro; solamente se conoce
la paz y la tranquilidad y solo entonces se ama ese estado, hasta
que la diosa, harta del contacto con los mortales es devuelta por el
sacerdote al templo. Luego se baña el carro, el toldo y si hemos de
creer lo que se cuenta, hasta la propia diosa, en un lago recóndito;
unos esclavos cumplen este rito y el lago los engulle rápidamente.
Un terror y una santa ignorancia envuelven este misterio que no
puede ser visto sin perecer.”

Más adelante (XLIII, 4-5) Tácito ilustra el culto a los Alci:

“Entre los Naharvales se exhibe el bosque sagrado de una antigua
religión. Lo preside un sacerdote vestido de mujer pero los dioses
venerados serían Castor y Pollux según la interpretación romana. Ese
es el carácter de los númenes llamados Alci. Nada de estatuas, ni
rastro de superstición extranjera y se les venera como hermanos y
como jóvenes”.

Tácito es sensible a las semejanzas y las diferencias entre el culto
que conoce (griego y romano) y el de los germanos. Destaca los
sacrificios humanos (en el caso de Mercurio y Nerthus) frente a
sacrificios habituales de animales en los casos de Marte y Hércules
e insiste en el aniconismo, de modo evidente con los Alci y de forma
indirecta con Nerthus (no habla de que se realice una procesión de
una estatua -lo que sería habitual en el culto griego y romano- sino
que dicen los germanos que se produce una epifanía -lo que
evidentemente pone en duda-). La paradoja está lejos de la
exposición del autor, por lo que sus datos parecen bastante
aceptables y las semejanzas que constata, en especial el culto a
divinidades gemelas, está suficientemente contrastado entre otros
pueblos indoeuropeos (por ejemplo los baltos).
Mayor indeterminación presenta un texto de César (B.G. VI, 21) en el
que dice que los germanos veneraban al sol, la luna y Vulcano, se
puede simplemente desechar el testimonio aunque quizás se podría
explicar si se tiene en cuenta el papel que vimos que desempeñaba el
fuego en el fín del mundo (aunque conllevaría plantear una gran
antigüedad para algunas de las imágenes del Ragnarök escandinavo).
Se pisa un terreno más firme con el culto a las Matres, testificado
en la epigrafía de las provincias romanas fonterizas del territorio
germano (especialmente en la Germania inferior); las influencias
célticas son claras pero algunos epítetos son indudablemente
germanos: Gabiae, Alagabiae, Friagabis (ejemplos en ILS 4804 y
ssgs.) que expresan la idea del don (gótico giba). Recuerdan lo que
serán en época vikinga las dísir o incluso las nornir (diosas del
destino cuyas antepasadas seguramente se esconden tras las Matrib
[us] Parc[is] de la epigrafía). Otra divinidad testificada por la
epigrafía es Nehalennia, diosa de marinos y viajeros, que porta una
cornucopia pero también atributos de diosa de la fecundidad en una
asociación (mar, riqueza, fertilidad) que se vuelve a encontrar en
el dios escandinavo Njörðr.
La época romana nos tetifica entre los germanos unos dioses con
funciones compactas que tienen que ver con la guerra, la soberanía,
la fertilidad y el comercio-navegación.
En la época de las migraciones, en la que la documentación es menos
rica, destacan los cultos tribales, en algunos casos centrados en
antepasados míticos dobles: Hengist-Horsa (potro-yegua) entre los
sajones de Gran Bretaña, Raos-Raptos entre los vándalos asdingos,
Ibor-Aio entre los lombardos. Beda (De temporum ratione, 13) habla
de una noche de las madres (modraniht), que se festejaba la víspera
de Navidad; en ambos casos llama poderosamente la atención la
similitud con la situación en época romana.

~ por stigmadiabolis en 4 Octubre, 2007.

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