La Religión Escandinava III

3.1.- El nacimiento del mundo y del hombre.
La estrofa novena de la Völuspá detalla que en el origen estaba el
vacío (Ginnungagap -Ghinmendegop en Adán de Bremen-):
“Eran los primeros tiempos
y nada había
ni arena ni mar
ni frías olas
ni tierra
ni cielo en las alturas
gigantesco era el vacío
no había una brizna de hierba”
Este vacío primordial sirve de crisol para la unión de opuestos
representados por los hielos de Nilfheimr y el fuego de
Múspellsheimr de los que surge Ymir, un gigante andrógino que
procrea de sus brazos y piernas a los gigantes de hielo
(Hrímþursar). Auðumbla, vaca cósmica nacida como Ymir del hielo
alimenta con su leche al gigante y a su vez lame los hielos salados
dando lugar al surgimiento de nuevos seres, Burr del que nace Bor
que a su vez engendra con la giganta Bestla la tríada divina formada
por Odín, Vili y Vé. Al matar éstos últimos a Ymir crean el cosmos
visible, en las palabras de Vafþruðnismál, 21:
“De la carne de Ymir
se modeló la tierra
de sus huesos las montañas
el cielo del cráneo
del gigante frío como el hielo
y de su sangre surgió el mar”
La antropogonía entre los escandinavos tiene dos versiones
principales. En un caso el primer hombre (Askr, el fresno) y la
primera mujer (Embla, el olmo) surgen de troncos de árboles a los
que una tríada divina (Odín, Hœnir y Lóðurr en Völuspá, 17-18, Odín,
Vili y Vé en Gylfaginning) dotan de vida. En el otro dos seres
humanos emergen del árbol cósmico Yggdrasill y pueblan el mundo. Se
puede suponer que existieron otras versiones ya que, por ejemplo, al
dios Heimdallr se le llama progenitor de los tres grupos sociales en
Rígþula y a los hombres en Völuspá 1, hijos de este dios.
Se pensó que estas narraciones eran desarrollos recientes, influídos
por la especulación cristiana, pero el método comparativo ha
permitido a Bruce Lincoln y Jan Puhvel determinar que contienen
elementos asombrosamente arcaicos. El nombre del gigante cósmico
resulta muy similar al del primer hombre en la tradición védica
(Yama, que es gemelo de Yami) y parece también poderse identificar
con Tuisto (“el doble”, lo que define bien a un andrógino) que
presenta Tácito (Germania II,3) como padre de Mannus, el ancestro
mítico de los germanos. La animación de objetos naturales para
convertirlos en seres humanos tiene también paralelos notables. La
mitología escandinava, a pesar de lo reciente de su plasmación
literaria presenta motivos que enraízan en un remoto pasado y dan
firmeza a la comparación y la reconstrucción de una cosmogonía
germánica antigua.
3.2.- El cosmos y su estructura
El cosmos para los escandinavos tenía por eje el árbol Yggdrasill,
un fresno o un tejo (en orígen seguramente un roble) cuyas tres
raíces penetraban en el mundo de los hombres, de los muertos y de
los gigantes. A sus pies surgían diversos manantiales (o uno solo
ramificado); la fuente del saber custodiada por el gigante Mímir, la
fuente del destino (Urðr) y la fuente madre de los ríos terrestres.
De su tronco manaba el licor vivificante Aurr, numerosos animales
vivían en sus diversas partes y bajo su sombra se llevaba a cabo la
asamblea de los dioses. Entre los germanos continentales existía la
creencia en una columna del mundo, denominada Irminsul de la que
hablan Thietmar de Merseburgo (II,1) o Adán de Bremen (I, 7-8); la
que tenían los sajones fué destruída por Carlomagno en 772, lo que
parece indicarnos que nos hallamos no sólo ante un concepto
imaginario sino ante un objeto de culto que tenía una plasmación
visible ya que las instalaciones que rodeaban la columna dieron tres
días de trabajo al ejército para conseguir desmantelarlas.
Para Eliade lo específico del árbol cósmico escandinavo frente a los
numerosos paralelos de árboles de la vida que existen en muy
diversas culturas es que conlleva, desde su orígen, el germen de su
destrucción; el dragón Niðhöggr roe sus raíces, cuatro ciervos
devoran el follaje, su caída determinará el fin del mundo.
En torno a Yggdrasill se escalonan los nueve mundos según Völuspá,
2, que a su vez se pueden sistematizar en tres grandes reinos o
fortalezas. Los hombres habitan Miðgarðr, la tierra media, los
dioses Asgarðr, en el centro de la anterior (o en el cielo en
tradiciones que parecen más tardías) y monstruos, gigantes y
difuntos habitan Utgarðr. Miðgarðr, el centro del universo, está
rodeado por el mar en cuyo fondo habita la serpiente cósmica
Miðgarðsormr o Jörmundgandr, Utgarðr formado por montañas heladas y
territorios inhóspitos presenta los rasgos de la alteridad y parece
localizarse imaginariamente en el extremo septentrional y oriental;
Iarnviðr (el bosque de acero) era una de sus partes y en otra
habitaban los gigantes de hielo (Hrímþursar), en el extremo norte
estaba Hel, el reino de los muertos; estas imágenes reflejan el
espanto que debieron sentir los navegantes vikingos ante los hielos
circumpolares. El cosmos de los mitos escandinavos aparece como un
reflejo de la realidad de los viajes vikingos, frente al horror que
depara el norte y el este, el oeste y el sur son tierras abiertas y
mares navegables; es posible, por lo tanto que se trate de
especulaciones recientes.
3.3.- El Ragnarök.
El Ragnarök (destino de los dioses o las potencias), se describe en
detalle en el poema eddico Völuspá y consiste en la lucha final
entre los dioses y las fuerzas caóticas de Utgarðr. Precedido de un
invierno que durará tres años, comienza cuando se desatan todos los
enemigos del órden cósmico; el sol (Sól, de género femenino) y la
luna (Máni, de género masculino) son tragados por los lobos que los
preceden; los difuntos, los gigantes destructores, los monstruos
(incluída la serpiente marina cósmica), que habían sido contenidos
por los dioses hasta ese momento, avanzan sobre Miðgarðr y Asgarðr;
Yggdrasill se tambalea:
“Los hermanos lucharán entre sí
y se matarán unos a otros,
los padres mancillarán
su propia descendencia,
malos tiempos para el mundo
adulterio universal,
tiempo de hachas, tiempo de espadas
los escudos se resquebrajarán.
Tiempo de tempestades, tiempo de lobos
antes de que el mundo se derrumbe
no habrá cuartel para nadie”
Völuspá, 45
no sólamente los hombres sino también el cosmos entero zozobra:
“El sol se apaga
la tierra se hunde en el mar
las brillantes estrellas
caen desde el cielo
los humos forman torbellinos
las llamas crepitan
hasta que el fuego
abrasa el mismo cielo”
Völuspá, 57
Los dioses perecen en el combate junto con sus enemigos y solamente
el fuego (Surtr), que resulta al final purificador, sobrevive a este
cataclismo cósmico que termina en una regeneración universal. El
Ragnarök acaba en una nueva edad de oro cantada en las estrofas
finales de la Völuspá (59-64):
“Y por segunda vez
emergerá del mar
una tierra nueva
eternamente verde
volverá el agua a las cascadas
y el águila al cielo …
en campos sin sembrar
madurará la cosecha
todos los males tendrán reparación
volverá Baldr (el mejor de los dioses) …
una sala se levantará
más bella que el sol
cubierta de oro …
los fieles …
habitarán en ella
y eternamente
gozarán de felicidad”
Una nueva pareja humana formada por Líf y Lifþrasir, que se habían
escondido en Yggdrasill repuebla un mundo paradisíaco.
Se ha pensado que en esta visión escatológica de la Völuspá tuvo una
decisiva influencia el ambiente milenarista que impregnaba la época
de la conversión de Islandia al cristianismo, pero hemos de ser
conscientes de que nos hallamos ante una manifestación más del mito
del eterno retorno, por lo que, por lo menos en su estructura, la
visión escandinava del Ragnarök debe de corresponder a una
especulación muy arcaica.






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