
5.- Sociedad y religión
5.1.- Familia, tribu, þing
La célula básica en la organización de germanos y escandinavos es la
familia (aett) y su extensión (kyn, parentela o clan). Es el centro
en el que se encardina el individuo en la sociedad: el ejército se
divide por familias (extensas), a los derechos políticos (que se
expresan en el þing), se accede por pertenecer a una familia
determinada y poder demostrarlo, la producción se genera en la
familia que se convierte así en la célula económica principal.
También en el ámbito religioso la familia es el primer eslabón,
siendo el padre de familia el sacerdote principal y presentando el
culto particularidades y especificidades propias en cada núcleo. La
familia tiene su propio destino (su buena suerte hamingja), la
aettarfylgia o la kynfylgia que se puede escudriñar con técnicas de
las que Tácito (Germania X) da una muestra. Las granjas, unidades de
explotación familiar, tenían también su árbol tutelar de cuyo
aspecto dependía el futuro de la hacienda (y de la familia). La sala
principal, debidamente sacralizada se convertía en santuario donde
se desarrollaban las ceremonias familiares con sacrificios,
socialización de la producción por medio del banquete, toma de
decisiones sancionadas por auspicios y en resumen la consecución de
friðr, la paz (sagrada), que proviene del consenso entre los
miembros del grupo. Equilibrio inestable sancionado por la religión,
que puede romperse por diversas circunstancias externas o internas y
que requiere su reequilibrio consensuado. Un caso de ruptura de
friðr se produce con la muerte del cabeza de familia mientras se
determina la disociación del estatus del jefe muerto y su asociación
a otra persona, tras la satisfacción que diversos miembros del grupo
estimen conveniente. Otro caso se produce cuando existe una ofensa,
la paz ha de conseguirse por medio de satisfacciones (compensaciones
pecuniarias) a las que se creen con derechos muy diversos miembros
de la familia agraviada, dependiendo la compensación de su posición
en la jerarquía interna. La familia actúa desde el punto de vista
social a la par que religioso como un todo; el resto de las
estructuras se forman por aglutinamiento y a su imagen.
Tal es el caso de la tribu, que resulta ser un agrupamiento de
familias (aett) y familias extensas (kyn) y que se dota de los
mismos esquemas religiosos que las familias. Los antepasados comunes
(base imaginaria de la cohesión de linajes, de los que ofrecen
numerosos ejemplos las sagas familiares) se convierten en dioses
tutelares y ancestros míticos de las tribus; Yngvi se convierte en
el epónimo de los ingaeuones (a la vez que lo será del linaje real
noruego), Hermin de los herminones, Saxnt de los sajones. Se
instauran cultos de cohesión que tienden a potenciar las
especificidades tribales, igual que ocurría en los cultos
familiares; un ejemplo respecto de los semnones lo ofrece Tácito
(Germania XXXIX, 2-3):
“En épocas fijadas en un bosque reputado sagrado por los augurios de
los antepasados y el espanto de lo antiguo, se reunían divididos
según su orígen, los pueblos de un mismo nombre y una misma sangre y
por medio del sacrificio de un hombre celebraban sus ritos bárbaros
y primicias horrendas … nadie entraba allí sin dejarse atar por un
vínculo que simbolizaba su dependencia y testimoniaba el poder de la
divinidad”
El sacrificio y la aceptación del lazo religioso sellan la
pertenencia al grupo tribal que a su vez es el grupo de los cultores
de la divinidad específica. La religión es el medio de mantener los
lazos de cohesión del grupo y la adivinación (y sobre todo la
aceptación de la interpretación del presagio) la técnica de
consolidar las decisiones comunes.
Pero los germanos pusieron en práctica otro sistema de consensuar
las decisiones que radica en el þing, la asamblea del pueblo. Actúa
en defensa del derecho sagrado con la finalidad de mantener la paz,
que se sustenta en el consenso, para ello el marco de la reunión es
sagrado y las decisiones se ratifican por medio de sacrificios y
toma de auspicios (para ahondar en la sacralidad de esta asamblea
política hay que tener en cuenta que posee un trasunto imaginario
que es el þing de los dioses que se lleva a cabo en torno a
Yggdrasill y que actúa como modelo de las reuniones humanas -y
viceversa-).
5.2.- Ritos de paso
.- Nacimiento
El nacimiento es el momento en el que se trenza el destino y está
presidido por las disir. El lote de cada cual se reparte en ese
momento en el mundo imaginario, lo que sin duda tiene que ver con
que en la vida real y en un sistema familiar cerrado como el
germano, el futuro del recién nacido tiene prefijadas estrictamente
sus posibilidades de desarrollo. Destino de muerte en el caso de que
el padre no lo aceptase y lo expusiese a la intemperie o los
animales salvajes (útburðr) o por el contrario destino de vida que
quedaba sellado con el acto muy importante de dotarlo de nombre (el
nombre que se le da determina en buena medida su papel futuro en la
jerarquía familiar). Otros ritos preceden a este fundamental de la
inserción en el grupo y son los que tienen que ver con el parto. El
parto se realiza con la madre de rodillas, por lo que la tierra toma
al niño nada más nacer; acto seguido se hace una aspersión con agua
y se le levanta hacia el sol; actos todos cargados de un fuerte
simbolismo naturalista.
La primera parte de los ritos de nacimiento tienen que ver con el
mundo femenino, mientras que los segundos, fundamentales en la
aceptación grupal del recién nacido se adcriben al mundo masculino.
.- Matrimonio
En los ritos matrimoniales germanos se intenta superar el conflicto
que provoca la mezcla de dos familias extensas. Al ser la familia la
célula básica organizativa, con sus ritos y costumbres propias, la
inclusión de un miembro ajeno provoca una serie de problemas
prácticos y rituales que se intentan solventar en la ceremonia de la
boda, cuyas complejidades cimientan la alianza entre grupos
receptores y dadores de mujeres. La tentación de la endogamia debió
de ser muy fuerte y así se explica en parte la especulación sobre
los matrimonios incestuosos entre los dioses Vanes. Tras la guerras
Ases-Vanes y la instauración del nuevo órden, el matrimonio
incestuoso se supera y la exogamia se convierte en la norma
matrimonial entre todos los dioses. Pero, por ejemplo, el conflicto
entre Njörðr y Skaði, que se plasma en la bilocación de la pareja y
en la incapacidad de adaptación a las costumbres diferentes de cada
cónyuge, ejemplifica las miserias de la exogamia.
Dumézil, en su intento de desentrañar la estructura trifuncional de
las sociedades indoeuropeas ha destacado la existencia de rémoras de
prácticas trifuncionales en ciertos matrimonios heroicos y divinos
escandinavos. Los tres matrimonios del héroe Sigurðr parecen
estructurarse de un modo que se clarifica con la comparación con los
tres tipos del matrimonio védico. La boda frustrada con Sigrdrifa,
basada en la violencia es parecida al matrimonio de la casta de los
guerreros; el matrimonio por compra de Brynhild sería de tercera
función y el matrimonio sin contrapartida (otorgado por los padres)
con Gudrun se regiría por las reglas de la primera función. Algo
parecido ocurre con el matrimonio de Freyr y Gerðr; el dios intenta
conseguirla por medio de regalos (al modo de la tercera función),
por la fuerza (al modo de la segunda función) y finalmente cumple
sus propósitos por la magia (al modo de la primera función).
.- Ritos iniciáticos
La iniciación entre los germanos culmina con la captura de un gran
animal o de un enemigo. Amiano Marcelino (XXXI , 9, 5) detalla la
siguiente práctica entre los taifalos:
“… los taifalos son un pueblo vergonzoso, tan escandaloso por sus
obscenidades y sus prácticas libertinas que entre ellos los
adolescentes se relacionan con hombres maduros en uniones de un
género inexpresable y consumen la flor de la juventud en repugnantes
prácticas. Hay que añadir que cuando uno de ellos … es capaz de
capturar por sí solo un jabalí o cazar un oso de gran tamaño se le
libera de esa unión contra natura”
Nos encontramos ante una clara testificación de homosexualidad
iniciática cuyos detalles desgraciadamente nos escapan de resultas
del rechazo fontal de la fuente que los transmite; los paralelos con
iniciaciones masculinas en otras culturas permiten intuir que la
unión sexual no era más que un componente de un aprendizaje de muy
diversas técnicas (extáticas, de caza, de combate etc.) que
permitían al jóven tras realizar la hazaña cinegética (la prueba del
valor) entrar a formar parte de la comunidad como miembro adulto con
plenos derechos (y liberarse de la minoría de edad sexual y así
poder acceder al matrimonio).
Tácito (Germania XXXI, 1), al hablar de los chatti transmite otra
costumbre no menos significativa:
” … en cuanto llegan a la adolescencia se dejan crecer la barba y
el cabello y solamente cuando han matado a un enemigo dejan ese
aspecto que han asumido como voto y consagración al valor”
En este caso los adolescentes indican su estado liminal por un
aspecto exterior diferente y tras cumplir la hazaña guerrera toman
el aspecto normal de miembros varones de pleno derecho. La hazaña
cinegética y la homosexualidad iniciática parecen prácticas más
antiguas que la hazaña guerrera y nos insertan en un mundo en el que
el papel del varón era el de cazador y no el de defensor del grupo y
de su producción y riqueza.
.- La muerte y más allá
El rito de paso último es el preludio de la asunción del estatus del
difunto por otro miembro de la familia. Por eso entre los germanos y
escandinavos hay una insistencia en cumplimentar correctamente la
ceremonia fúnebre y en consensuar el traspaso de la herencia por
medio de un ritual minucioso (arfleiðing) que asegure el
mantenimiento de la paz familiar. El banquete funerario es el lugar
en el que se sella la nueva jefatura, con la declamación de poemas
laudatorios al difunto (erfiljóð) y la ingestión de cerveza
especialmente confeccionada para la ocasión (erfiöl). Un traspaso
conflictivo, al resultar una infracción de lo sagrado puede
conllevar la conversión del muerto en un difunto rabioso que vuelve
para indicar que los descendientes no son dignos de la herencia.
Estos draugar, muertos que vuelven, aparecen con insistencia en las
sagas e indican que el ritual funerario se ha realizado mal o que el
muerto, si ha sido víctima de violencia, no ha sido compensado
correctamente. Se trata como puede verse de un mecanismo imaginario
del que disponen los miembros del grupo familiar para expresar y
canalizar el descontento que puede generarse si el ritual fúnebre no
se ha realizado por común consenso y pensando en la paz de la
familia. Este miedo a los draugar se testifica en prácticas de
desorientación del muerto como el rito likdor, consistente en
practicar un agujero en la pared de la casa por donde se saca el
cadáver y que luego se tapa, o en prácticas de confinamiento del
espíritu en el cuerpo como en el rito de veita nábjargir,
consistente en tapar los orificios nasales del difunto con cera.
Conocemos entre germanos y escandinavos con detalle los funerales de
los personajes de la élite, se enterraban con los símbolos de su
estatus terrenal (caballos, perros, joyas, armas), y se practicó
tanto el rito de incineración como el de inhumación entre los
vikingos. Un rito especial, y que debía de realizarse entre los
personajes de muy elevado estatus lo testifica Ibn Faln, para un
jefe varego en Rusia, lo fecha en el 922 y consiste en la erección
de un barco-tumba:
“… tras morir uno de los jefes lo colocaron en una tumba apartada,
que taparon durante diez días mientras terminaban de confeccionar el
traje mortuorio. Si el difunto es pobre hacen un barco pequeño, lo
colocan dentro y lo queman, pero si es rico dividen su patrimonio en
tres lotes, uno para la familia, otro para la mortaja y un tercero
para confeccionar el nabid que beberán el día en que sacrifiquen a
la esclava del muerto que quemarán con él … (visten al muerto y lo
colocan en el barco funerario) trajeron nabid, frutas y plantas
aromáticas y las colocaron alrededor del cuerpo, y también pan,
carne y cebollas que tiraron delante de él. Luego cogieron un perro,
lo partieron por la mitad y tiraron los trozos al barco, tras de lo
cual tomaron todas sus armas y las colocaron al lado del cadáver.
Luego trajeron dos caballos que hicieron correr hasta que sudaron
copiosamente y luego a golpes de espada los partieron a trozos que
tiraron al barco y lo mismo hicieron con dos vacas. Después trajeron
un gallo y una gallina, los mataron y los lanzaron al barco.
Mientras tanto la esclava que había aceptado voluntariamente ser
sacrificada deambulaba de tienda en tienda donde cada amigo del
difunto tenía relaciones sexuales con ella y le decía (luego se sacrifica a la
esclava, se prende fuego al barco y se erige un túmulo)”
La diferenciación social que se testifica entre los vikingos fuera
de Escandinavia, convertidos en una élite dominante muy poderosa,
pudo llevar a que se exacerbasen los ritos de destrucción de riqueza
que conllevaba el funeral por lo que el testimonio de Ibn Faln
quizás esté reflejando una situación particular. De todos modos
poseemos un modelo sobrenatural de rito fúnebre que permite calibrar
el dato y es el funeral del único dios que muere, Baldr. Snorri
Sturluson (Edda 67-68) narra lo siguiente:
“Los Ases auparon el cadáver de Baldr y lo transportaron a la orilla
del mar. El barco de Baldr se llamaba Hringhorni. Era más grande que
ningún otro barco, los dioses intentaron echarlo al agua y colocar
sobre él la pira funeraria de Baldr pero no hubo manera de que el
barco se moviera. Entonces se envió un mensajero a Jötunheimr (el
país de los gigantes) para que buscase a la giganta llamada
Hyrrokin. Llegó cabalgando un lobo y llevando por brida a una
serpiente … lanzó el barco al agua al primer empujón …
Posteriormente embarcaron el cadáver de Baldr; al verlo a Nanna
Nepsdóttir, su mujer, se le partió el corazón de pena y murió. Fue
llevada a la pira y se le prendió fuego. Después Thor avanzó y
bendijo la pira con Mjöllnir”.
El parecido con el ritual rus es grande, salvo en que la mujer que
acompaña al difunto a la pira es la esposa y no una esclava (lo que
parece testificar el rito primitivo, con paralelos en otros pueblos
indoeuropeos) y en que se insiste mucho menos en los sacrificios
funerarios (lo que permite de nuevo plantear que pudiera el rito rus
ser una especificidad local).
La práctica de enterrar en barcos funerarios se ha relacionado con
la localización del país de Hel en Útgarðr, el territorio más allá
del mar. Se trata de un mundo sombrío y subterráneo nombrado
Nástrandir en Völuspá y dividido en diversos parajes, algunos
especialmente horribles, donde son castigados los que han cometido
ciertos delitos y especialmente el perjurio. Otro destino post-
mortem era el túmulo dónde se creía que habitaban ciertos difuntos
que a la larga terminaban tutelando el territorio circundante. El
tercer destino tras la muerte y el más prestigioso entre los
escandinavos es la Valhöll (Walhalla), la mansión o sala de Odín. Se
sitúa en el cielo y a ella acceden los guerreros caídos en combate
(los elegidos de Odín). Es un paraíso de élite reservado a los
valientes que forman una turba, los einherjar, que se dedican a
pelear eternamente durante el día (sin conseguir nunca herirse de
muerte) y a banquetear por las noches alimentándose de la carne
siempre renovada del jabalí Saehrímnir y embriagándose con el
hidromiel que surge de las ubres de la cabra celestial Heiðrun. En
el poema Grimnismál (23) se especifica que Valhöll tiene quinientas
cuarenta puertas y que saldrán ochocientos guerreros por cada puerta
para enfrentarse, liderados por Odín, a las fuerzas de la
destrucción durante el Ragnarök. Los guerreros muertos eran
transportados, desde el campo del combate y por los aires, por unos
genios psicopompos llamados valkyrjur (valquírias), que en la
Valhöll sirven a los einherjar en los banquetes y a veces ayudan a
los héroes en la batalla.
Las tres localizaciones post-mortem para el difunto (si excluímos a
los draugar) que testifica el imaginario germano y escandinavo
ejemplifican una sensibilidad escatológica muy desarrollada que
potenciaba las tendencias bélicas de la sociedad ya que en el
sistema de valores la muerte en combate era preferible por conllevar
un más allá más perfecto y deseable.